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La encantadora música de los hermanos Grimm

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Cuentos_GrimmLos hermanos Guillermo y Jacobo Grimm son dos de los grandes nombres asociados con el movimiento romántico que surgió a finales del siglo XVIII y que extendió su dominio como escuela literaria hasta más allá de la primera mitad del siglo XIX. El Romanticismo surgió como una respuesta apasionada en contra de los principios que la escuela del Neoclasicismo había establecido en el mundo artístico. Ese culto a la razón y la obligatoriedad de que las artes, sobre todo la literatura, deberían tener un fin pedagógico orilló a un grupo de escritores a buscar una salida a las “reglas” que sus antecesores habían impuesto.
        Así es como el Romanticismo se convirtió en un movimiento que enarboló características como tener a la libertad como máximo valor, buscar la expresión de los sentimientos por encima de la razón, evitar la obligación de mensajes “morales” (las moralejas) al final de las historias, dar rienda suelta a la fantasía y la imaginación, representar por medio de fuerzas de la naturaleza las pasiones de los seres humanos y, uno que nos interesa aquí de manera importante, la recuperación de historias y leyendas medievales.

Una vieja pintura que representa al flautista de Hamelín, según Augustin von Moersperg.
Una vieja pintura que representa al flautista de Hamelín, según Augustin von Moersperg.

En este último rubro encajan muchos de los cuentos de hadas y de la recuperación de las historias de monstruos y vampiros que pueblan buena parte de la tradición romántica. Es también uno de los aciertos más importantes que los hermanos Grimm llevaron a cabo y a partir de los cuales han trascendido el tiempo que les tocó vivir. Estos escritores alemanes pueden considerarse entre los fundadores de la nación alemana como la concebimos actualmente, no sólo por su tarea como lingüistas e historiadores, sino por la manera en cómo la recuperación del folklore los convirtió en guardianes de una tradición que se configuró de tal manera que, por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial y hasta 1948 se prohibió en el Reino Unido la lectura o venta de sus libros, al considerar que éstos reflejaban la maldad alemana que había hecho posible el ascenso y papel del nazismo. Ya sabemos que los políticos y los señores de la guerra no se caracterizan, en lo general, por las luces intelectuales que cargan consigo.


La versión animada de Disney sobre el cuento “El flautista de Hamelín”.

Los cuentos para la infancia y el hogar de estos escritores alemanes incluyen cuentos que tienen como elemento central a la música tales como “El músico prodigioso” y “Los músicos de Brema”, pero si existe algún relato que ha trascendido es, sin duda, la reconstrucción que hacen de “El cazador de ratas de Hamelín” (o “El flautista de Hamelín”, que es como se le conoce tradicionalmente).
        La historia que cuenta este relato es simple: la ciudad de Hamelín, en la Baja Sajonia en Alemania, se ve invadida por las ratas, mismas que han convertido la población en un lugar inhabitable. Es tal la desesperación que el alcalde del lugar promete cubrir de oro y riquezas a aquel que consiga liberar a la ciudad de tan terrible mal. Un forastero dice que él lo puede hacer, siempre y cuando el alcalde cumpla su promesa, este le repite que así lo hará. El forastero saca una flauta y, al tocar unas notas, todas las ratas abandonan sus escondrijos y marchan detrás del flautista. Éste sigue tocando hasta llevar a las ratas al río que circunda la ciudad y ahogarlas en éste. Cuando regresa a pedir su recompensa, el alcalde, faltando a su palabra, se retracta y decide no darle nada. Entonces el flautista, enojado, comienza a tocar nuevamente su flauta y entonces todos los niños lo siguen hasta las faldas de una montaña en donde desaparecen para no ser vistos nunca más. El alcalde, ante esta situación, hace difundir la noticia de que pagará todo el oro y la plata de la ciudad si el flautista regresa con los niños, pero esto no ocurre.


“The Whistler”, canción de la banda Demons & Wizards que hace referencia a la leyenda.

A pesar de ser un texto del Romanticismo, vemos en este relato que la moraleja es bastante clara: “Cumple tus promesas o atente a las consecuencias que pueden afectar a quien más quieres”. Esta leyenda, como muchos de los relatos orales que nos llegan hasta nuestros días, tiene una base histórica: se dice que en algún momento del siglo XIII la historia contada por los Grimm ocurrió realmente, aunque los historiadores mencionen otras causas para la desaparición de los niños: la peste, migraciones a fin de fundar nuevas poblaciones más allá del río, la leva militar de los señoríos feudales, etc. El caso es que el relato llega hasta nuestros días y sigue cautivando la imaginación de aquellos que lo conocen. Incluso, la ciudad de Hamelín ha utilizado esta historia para impulsar su oferta turística.
        También deja claro que la música se ha visto, desde su surgimiento, como una expresión poderosísima que puede encantar a aquellos que la escuchan y que sus poderes mágicos retoman diversas formas: la voz de las sirenas en La Odisea, el arpa en el mito de Orfeo o, en este caso, la flauta del letal cazador de ratas.

Pueden leer y escuchar la versión de los hermanos Grimm aquí:
(http://albalearning.com/audiolibros/grimm/elflautista.html).

Y una adaptación del poema que aborda la misma historia por Robert Browning:
(http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/B/Browning,%20Robert%20-%20El%20Flautista%20de%20hammelin.pdf

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Poesía y hip hop hasta la sordera

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menosEl hip hop es una de las manifestaciones culturales que mayor auge han tenido hacia nuestra época. De esa forma de comprensión del mundo que incluye diversos elementos de expresión como la música, las artes plásticas, la danza y la lírica, esta última (concebida bajo la idea genérica de “rap”) destaca por la capacidad que tiene de generar diversas reacciones a partir de la manera en cómo la rima y el fraseo abordan los temas más diversos.
La manera en que la lírica se integra a todo el concepto expresivo del hip hop reclama en muchas ocasiones una autonomía que no es difícil negarle. La idea del MC como el elemento fundamental del hip hop adquiere fuerza a medida que nos damos cuenta cómo es el único ingrediente que no puede obviarse dentro de la representación escénica o auditiva que se asocia al hip hop. No extraña, por tanto, que algunos arqueólogos de la historia de tal manifestación ubiquen a poetas como inspiradores y fundadores del fenómeno. De ahí que existan propuestas que ubican como fundadores a personajes como los beatnik de San Francisco en pleno auge hippie, pasando por los integrantes del Nuroyican Poets Café en los setenta y llegando hasta Gil Scott-Heron, el denominado “Bob Dylan negro”, quien es reconocido como el fundador indiscutible.

 

Miguel Piñero, fundador del Nuroyican Poets Café en un recital.

 

Dentro de esa especie de poetas de la calle podríamos ubicar al jovencísimo Feli Dávalos (Ciudad de México, 1982), locutor (Scratchamma en Ibero 90.9, El Kamaleón en Código DF) y poeta que filtra muchas de las posibilidades del rap en sus poemas. Hay una identificación evidente entre la capacidad de expresión rítmica y de rima que refleja la cultura de los rimadores urbanos; identificación que se vuelve tema y llega hasta las páginas de Mientras menos hagas: un delicioso libro de poesía en la que el autor se regocija en la mezcla de referentes asociados al hip hop, concebido como fenómeno cultural de masas, con las herramientas más pulidas que la poesía de altos vuelos, con su riqueza de vocabulario y figuras retóricas. Una muestra apenas abierto el libro:

“Emcí (mismo”
Me ganó la enfermedad
regañóme el destino
me expulsó la eternidad
encerróme ya de anillo,

no la realidad,
la que solo yo la vivo,
carne en la soledad
vomitada en su estribillo.

Anda necesidad
y aquí me tienes en el hipo.

Feli Dávalos interpreta “Rima rapera para ser leída por José Emilio Pacheco en el Palacio de Bellas Artes”.

 

En esos primeros poemas, Dávalos se permite la descripción del ambiente del hip hop al mostrarle al lector un mundo que se autorefiere a través de los versos de su poesía, como en este fragmento de “El Príncipe de Cremallera”:

Sonideros exiliados
en el boogie down dieron con el gozo, gozne;
resbaladilla aceitada para girar por la banda
del boom bap, boom boom bap
sin cartones en el suelo,
fat laces en los kicks, un bling discreto,
burners y tags por la colonia,
helicópteros en la cabeza
por reclamarle un soundtrack a la realidad
por primera vez en estéreo; […]

Mientras menos hagas es un libro intenso, un texto que a pesar de ser leído en silencio construye un entramado de sonidos callejeros, estampas de bailarines acrobáticos, sirenas de patrullas-ambulancias, sonideros de mercado, palabra altisonante y más. Hay un respeto por el ritmo que caracteriza a la mayoría de los poemas incluidos, un sube y baja que obliga al lector, como DJ en improvisación, a sintonizarse con las propuestas que el MC-poeta desgrana en el papel impreso. Por tanto, no es difícil imaginar a Feli Dávalos como un aedo ciego que cubre sus ojos con gafas oscuras mientras se pega el micro a la boca y escupe versos a quemarropa mientras los demás nos balanceamos al ritmo de la perorata:

[…] yo fui enterrado en el campo de batalla,
mi micrófono es guadaña
salvadora:

me apodan hip hop y mi aullido de la entraña
enchufa gloria como sinfonola
por los rincones del murmullo que se ensaña
en cada baldosa,
bocinas en los parques, en las mañas,
como compostas,
por recobrar templanza, guardar la memoria
de una historia en prosa que no cave fosas
sin honra.

Declaramos la guerra contra wacks,
Arribistas, ojetes.

Hasta la sordera.

Un libro más que recomendable. Feli Dávalos in da house, anímense a retarlo.
Feli Dávalos, Mientras menos hagas, México, Lenguaraz, 2009.

 

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Guacarrock con chemo y rol

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Guacarrock con chemo y rol

diario_intimo_guacaSi hay cosas que se agradecen dentro del mundo del rock es el sentido del humor. Éste proviene, la mayoría de las veces, de la lírica o la propia música. Pero, también, puede aparecer como producto de la capacidad para reírse de sí mismo y para tratar de reconstruir la historia que se ha transitado en el accidentado mundo del espectáculo. Y el mundo del espectáculo mexicano es uno de los más sui generis.

Dentro de ese phanteon musical, Botellita de Jerez tiene un papel protagonista. Surgidos en los años ochenta y ubicados dentro del denominado rock en tu idioma, los botellos, sin embargo, escapan de todas las clasificaciones. Y mucho de esto tiene que ver con su más que curiosa biografía. Su necedad para hacer lo que les gusta, guacarrock (según sus propios parámetros), los ha llevado a participar de numerosos y variados escenarios: alternando con las estrella del pop nacional en el fenecido Siempre en domingo de Raúl Velasco, participando de los festivales que los partidos políticos organizan para “acercarse a la chaviza”, como banda de acompañamiento en alguna telenovela del Canal de las estrellas, haciéndose de la administración de uno de los antros rocanroleros más importantes en la historia del rock nacional (Rockotitlán) y separándose y arrejuntándose más veces de las que la credibilidad puede soportar (la más reciente hace apenas unos días).


Botellita de Jerez: “Charrock and roll” (ca. 1985)

Es por esto que anécdotas no faltan dentro de la constitución de esa biografía. Esas anécdotas son aprovechadas por uno de los integrantes de la banda, Armando Vega-Gil (a) El Cucurrucucú, para construir una de las obras biográficas del rock más desmadrosas y disfrutables del medio: Diario íntimo de un guacarróquer. En esta obra, Botellita de Jerez muda en La Maquinita de Pachuca y Armando Vega-Gil en Armiados Güeva-Vil. Pasean por sus páginas las versiones psicodélicas, chemas y alcohólicas de Raúl Delasco, los Menudo, la Angeliquita Vales, Luis del YaNo, los Azcagárraga, Paty Chafoy, Paco Satanley, Eduardo Capitillo, los Tijuana No Por Favor y demás alter egos de personajes públicos reconocidos en el mundo del espectaculito (sin albur).

En ese ejercicio de autoflagelación ocurren varias metamorfosis: la primera tiene que ver con la transformación del ambiente glamuroso y atascado con que se relaciona a los rockstar en el ambiente lleno de gandallas, transas, riesgos innecesarios y escatología al por mayor; la segunda tiene que ver con la develación de la manera en cómo el rock (que hoy se asume nuevamente como producto domesticado) sufrió una época de persecución ideológica ante la cual era necesaria la adaptación o la aniquilación. Los Maquinitos lo hicieron lo mejor que pudieron.


Naco es chido (Sergio Arau, 2009):

docu-ficción (chale) sobre Botellita de Jerez.

 

Vega-Gil no es un improvisado dentro del mundo de la literatura. Acreedor al Premio Nacional de Cuento en 2006, ha demostrado que tiene la capacidad suficiente para llevar a buen puerto sus historias y a que éstas se graben de manera indeleble en la memoria del lector. Esto ocurre con el Diario íntimo…: es imposible, una vez leído, poder olvidarlo. Con esto tienen que ver varias cuestiones: primero, el lenguaje escatológico que utiliza el autor para narrar la miseria moral de su personaje protagonista: lleno de caca, pus, meados, semen y todos los líquidos corporales que se puedan imaginar; segundo, porque las referencias que hace a la cultura popular son reconocidas por cualquier lector que haya tenido un mínimo acceso a la televisión de señal abierta de nuestro país en los años recientes; tercero, porque hay un uso del lenguaje que evade los deber-ser y que genera un diálogo enriquecedor con las voces de la calle y el slang de los que rara vez se escuchan en las obras literarias; y, cuarto, porque más allá de buscar sacralizar a uno de los grupos que han sabido mezclar humor, con elementos que definen la mexicanidad (el machismo, el albur, la Virgen de Guadalupe, el marichi, la hipérbole escénica) y con regular rocanrol, ha buscado que en la burla inmisericorde se encuentre el valor que tiene esta banda dentro de nuestra historia de la música. Quede un fragmento, del capítulo “Pícate el hoyo fonqui”, como testimonio:

―Al rock mexicano no lo parió Dios ni Huichilopoztli, ¡lo cagó el Diablo cuando se le salió un pedo escoltado! ―gritó Güeva Vil parándose en una frágil mesa de Corona y, claro, como ésta fuera diseñada para jugar dominó y no pa’ pódium de autocompasivos, el idiota se fue de nalgas: madrazo choncho en la nuca y el coxis. ¡Tock!, sonó tan hueco como su hueca aportación a la cultura mexicana. […]

―Era mil novecientos ochenta y tres ―habló luego de cañona regresión por el túnel del tiempo―, el rock mexicano no conoce de representantes ni managers; las disqueras transanacionales no se atreven a grabar discos de rock nativo; Televisa aún no descubre que esta pinche música es un buen negocio, pues porque todavía no lo es; ni existen rockotitlanes ni hard rockes ni bulldogs pa que toques: tu única oportunidad de sobrevivir es interpretar cumbias o ir a los hoyos fonquis a rifarte el físico. ¡Ah!, pero ni sueñes con el éxito ni el glamur, ni alucines con MTV ni con portadas en Tiempo libre, que al hoyo funk nomás te a ver la banda, culero, que aquí no bajan los de la clase media porque son reputos pa los putazos. Aquí las grupis que te puedes ligar no son modelos argentinas con camisas blancas Guess y Calvin Klein Jeans, sino unas cuantas prietas chimuelas con aliento a tíner que, en el muy remoto caso de que te las llegaras a coger, no te pegarían sida, sino crestas de gallo con pus y hongos colorados y uretritis de esas que cuando orinas te arde el chile (¡no chille!) como si deyectaras vidrios molidos. […]

Pero no sólo mota, ahí en el hoyo puedes comprarte unas bolsas de plástico con cerveza rebajada con agua puerca, y botellas de Frutsi con una untada de Resistol 5000 pa que te pongas hasta el fundillo de pendejo y sientas que las venas de la choya se te van a reventar como globo de parque y que te va a llevar la verdolaga, mientras lo único que alcanzas a escuchar de la banda de Rock Nacional que está tocando es puro rebotadero de tamborazos y guitarras afinadas con las nalgas.

 

Armando Vega-Gil, Diario íntimo de un guacarróquer, México, Zeta, 2008.

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