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Cuando el corazón puede hablar: Billie Holiday por sí misma

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Lady singsEl blues es uno de los géneros que más cuestiona a los escuchas y ejecutantes acerca de la necesidad de “sentir” la música. De tener una referencia vital para hablar de las cosas que las canciones del blues abordan: desengaños, experiencias de vida, desbordamiento de las emociones, amor desenfrenado, culto a los sentimientos más humanos (alegría, tristeza, angustia, furia). Es muy probable que una de las cantantes que mejor ha sabido transmitir esa sensación de artista que “vive” lo que está cantando sea, sin duda, Billie Holiday.

En Lady Sings the Blues, escuchamos la voz de una de las divas más importantes no sólo de la historia del jazz, del blues y de la música negra en general. Estamos atestiguando la manera en cómo se entreteje la historia personal, la biografía, con la historia de la música, el arte. Este es un libro escrito a cuatro manos junto con su amigo de vida y pianista William Dufty, pero la historia que se cuenta es la de una mujer inserta en el mundo maravilloso del jazz de los clubes de New York en donde, como si nada, asistimos a la descripción de las sesiones de improvisación (jam-sessions) de leyendas de la música como Duke Ellington, Louis Amstrong, Benny Goodman, Count Basie, Lester Young, Artie Shaw, Sarah Vaughan, entre muchos otros.

La historia de Billie Holiday es, como debería de ser, llena de sube y bajas emocionales. Nació en el seno de una familia sumamente pobre e ignorante. El padre tenía 15 años y la madre 13. Aunque como justifica la autora: “Pero esos dos chicos eran pobres. Y cuando eres pobre creces de prisa”. Hay una especie de idea fija en el relato de Holiday, una resignación acerca de la mala fortuna que los negros pobres tenían en esas primeras décadas del turbulento siglo XX. En algo que podría ser el antecedente de su afición musical, la autora dice sobre su padre:

Papá siempre quiso tocar la trompeta, pero nunca tuvo la oportunidad. Antes de que lográramos comprarla, el Ejército lo cogió y lo embarcó a ultramar. Tuvo la mala suerte de ser uno de los que respiraron gases tóxicos, lo que le estropeó los pulmones. Sospecho que si hubiera tocado el piano le habrían dado en las manos.

En ese ambiente provinciano en Baltimore, Holiday crecerá a contracorriente. Vivió con familiares que la trataron mal, mientras su padre abandonaba el hogar y su madre marchaba a Nueva York a trabajar de criada para ofrecerle una mejor vida a su hija. Billie sobrevivió a los maltratos familiares, a un intento de violación a los ocho años y a una vida que no auguraba nada bueno para una niña a quien, aparte, le encantaba estar en compañía de los chicos varones de su barrio. Su inserción temprana en la prostitución se dio como una manera natural de enfrentar a ese mundo en el cual los destinos estaban marcados y eran, en lo general, poco promisorios.


Lady Sings the Blues (Sidney J. Furie, 1972),
cinta basada en las memorias de Billie Holiday.

No existen registros de educación formal de la cantante. Es un producto del azar que combinó la intensidad de la vida con una voz que se reconocería como privilegiada con el paso del tiempo. Dice en alguna parte:

A menos que fuesen los discos de Bessie Smith y Louis Armstrong que oí de niña, no sé de nadie que haya influido realmente en mi manera de cantar, ni entonces ni ahora. Siempre admiré el sonido de Bessie y el sentimiento de Pop. Los jóvenes siempre me preguntan de dónde procede mi estilo, cómo evolucionó y todas esas cosas. ¿Qué puedo decirles? Si descubres una melodía y tiene algo que ver contigo, no hay nada que desarrollar. La sientes, sencillamente, y cuando la cantas los que te oyen también sienten algo. En mi caso, no tiene nada que ver con el trabajo, los arreglos ni los ensayos. Dame una canción que me llegue y nunca significará trabajo. Algunas canciones me llegan tanto que no soporto cantarlas, pero ésa es harina de otro costal.

Vemos, a través de los ojos de un testigo privilegiado, la manera en cómo se vivieron los diversos hechos históricos que afectaron a los Estados Unidos en esa primera mitad del siglo XX. Cómo la forma de vida de los negros pobres urbanos durante la Gran Depresión del 29 no significó gran cosa, no hubo cambios importantes en la manera en cómo se siguió la vida en la pobreza. Vemos también la manera en cómo se modificó el espíritu de la época con la Segunda Guerra Mundial y la sensación de vacío que albergaban algunos de los involucrados, a través del Ejército, en el conflicto. No podemos pasar por alto, sin embargo, la manera en cómo Billie describe las formas atroces en que se ejercía la discriminación racial. No sólo en el Sur, en donde las luchas por los derechos civiles encarnados en las dirigencias de Martin Luther King y Malcolm X explotarían en la década de los cincuenta y conseguirían grandes avances en la década siguiente. Para la cantante la discriminación estaba en todos lados. Tanto en el Norte que se asumía progresista y antisegregacionista, como en el Sur en donde las reglas de la comida, el transporte y el hospedaje en los hoteles puso a prueba más de una vez la paciencia de una mujer que había decidido, desde la temprana infancia, no ser humillada por nadie. En una ocasión en Nueva York, después de ser desplazada de las funciones de un hotel, a causa de su color y obligándola a retirarse del escenario cuando no cantaba, explotó:

“Strange fruit”, canción que aborda algunas de las consecuencias de la discriminación racial. El título se refiere a los cuerpos desnudos de los negros que eran colgados en los árboles como castigo. 

―En el Sur soporto estas porquerías, pero no las aguanto en Nueva York.

El sheriff de Kentucky había sido sincero, al menos. Un cretino integral dice: “No me gustan los negros”, y punto. O “ya se acabó”, como dicen en el Sur. Algunos se limitan a decir: “No quiero relaciones con los negros”. No te lo dicen por la espalda sino en la cara, para que te enteres. A ésos sólo les interesa que les limpies la casa y que enseguida desaparezcas.

[…] El sheriff de Kentucky me llamó negrita en mis narices. Los grandes hoteles, agencias y cadenas de radiodifusión de Nueva York me dieron una puñalada trapera.

Una parte de la vida de Billie Holiday que no puede ser pasada por alto se refiere a la manera en cómo cayó en prisión varias veces, muchas de éstas debido a sus problemas de adicción a las drogas. En este sentido, el testimonio de la cantante no deja nada a la imaginación. Describe la manera en cómo se enganchó con la heroína y en cómo se la proporcionaban. También los problemas que esto le acarreó, los más graves con la ley. Como menciona en alguna parte del texto: a los adictos se les trata como delincuentes, no como enfermos. De tal manera, relata cómo su imagen se vio asociada, de manera inevitable, con las drogas. Pero ella se da el tiempo para desmentir las relaciones románticas que, según algunos, existen entre éstas y el arte. Sin ánimo moralista, sino como una voz que habla de lo que conoce, advierte:

La droga nunca ayudó a nadie a cantar mejor, ni a tocar mejor ni a hacer nada mejor. Te lo dice Lady Day. Si alguna vez alguien trata de convencerte de que la droga ayuda, pregúntale si cree saber  sobre la droga algo que Lady Day no sepa.

Creo que el hecho de engancharme mató a mi madre. Al menos contribuyó, sin duda. Y pienso que si un hijo mío se enganchara, me mataría. No tengo coraje para ver a otro soportar las torturas que soporté para curarme y mantenerme sana.

Lo único que la droga puede hacer por ti, es matarte… lenta y duramente. Y al mismo tiempo puede matar a la gente que quieres. Esta es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Lady Day sings the blues es un libro entrañable que, de alguna manera, siempre genera empatía y una admiración creciente por esta enorme artista. Igual sucede cuando menciona que su sueño de toda la vida era tener un refugio para niños pobres y perros abandonados. Un lugar en el que además de comida abundante, todos pudieran recibir cariño y amor. El que a ella le fue negado. Pero que le sirvió para generar el involucramiento que tuvo al interpretar sus canciones. En darle vida, literalmente, al blues.

 
“El blues de Billie”.

Un cantante no es como un saxo, aunque a veces la gente actúa como si lo pensara. Si no suenas bien, no puedes salir a comprar unas lengüetas nuevas, darles forma y colocarlas. Un cantante sólo es una voz, y una voz depende exclusivamente del cuerpo que Dios te ha dado. Cuando abres la boca, nunca sabes lo que ocurrirá.

Se supone que  nunca me deben doler las muelas y que no debo ponerme nerviosa; no puedo vomitar ni enfermar del estómago; se supone que no puedo coger una gripe ni tener dolor de garganta. Se supone que debo salir a escena lo más bonita posible, cantar bien y sonreír.

¿Por qué? Porque soy Billie Holiday y he tenido problemas.

Un libro recomendable no sólo para aquellos que gustan del blues, sino también para aquellos que reconocen que la música es un arte que requiere de la vida para ser posible.

Billie Holiday, Lady Sings the Blues (Memorias), Barcelona, Tusquets, 1998.

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La encantadora música de los hermanos Grimm

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Cuentos_GrimmLos hermanos Guillermo y Jacobo Grimm son dos de los grandes nombres asociados con el movimiento romántico que surgió a finales del siglo XVIII y que extendió su dominio como escuela literaria hasta más allá de la primera mitad del siglo XIX. El Romanticismo surgió como una respuesta apasionada en contra de los principios que la escuela del Neoclasicismo había establecido en el mundo artístico. Ese culto a la razón y la obligatoriedad de que las artes, sobre todo la literatura, deberían tener un fin pedagógico orilló a un grupo de escritores a buscar una salida a las “reglas” que sus antecesores habían impuesto.
        Así es como el Romanticismo se convirtió en un movimiento que enarboló características como tener a la libertad como máximo valor, buscar la expresión de los sentimientos por encima de la razón, evitar la obligación de mensajes “morales” (las moralejas) al final de las historias, dar rienda suelta a la fantasía y la imaginación, representar por medio de fuerzas de la naturaleza las pasiones de los seres humanos y, uno que nos interesa aquí de manera importante, la recuperación de historias y leyendas medievales.

Una vieja pintura que representa al flautista de Hamelín, según Augustin von Moersperg.
Una vieja pintura que representa al flautista de Hamelín, según Augustin von Moersperg.

En este último rubro encajan muchos de los cuentos de hadas y de la recuperación de las historias de monstruos y vampiros que pueblan buena parte de la tradición romántica. Es también uno de los aciertos más importantes que los hermanos Grimm llevaron a cabo y a partir de los cuales han trascendido el tiempo que les tocó vivir. Estos escritores alemanes pueden considerarse entre los fundadores de la nación alemana como la concebimos actualmente, no sólo por su tarea como lingüistas e historiadores, sino por la manera en cómo la recuperación del folklore los convirtió en guardianes de una tradición que se configuró de tal manera que, por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial y hasta 1948 se prohibió en el Reino Unido la lectura o venta de sus libros, al considerar que éstos reflejaban la maldad alemana que había hecho posible el ascenso y papel del nazismo. Ya sabemos que los políticos y los señores de la guerra no se caracterizan, en lo general, por las luces intelectuales que cargan consigo.


La versión animada de Disney sobre el cuento “El flautista de Hamelín”.

Los cuentos para la infancia y el hogar de estos escritores alemanes incluyen cuentos que tienen como elemento central a la música tales como “El músico prodigioso” y “Los músicos de Brema”, pero si existe algún relato que ha trascendido es, sin duda, la reconstrucción que hacen de “El cazador de ratas de Hamelín” (o “El flautista de Hamelín”, que es como se le conoce tradicionalmente).
        La historia que cuenta este relato es simple: la ciudad de Hamelín, en la Baja Sajonia en Alemania, se ve invadida por las ratas, mismas que han convertido la población en un lugar inhabitable. Es tal la desesperación que el alcalde del lugar promete cubrir de oro y riquezas a aquel que consiga liberar a la ciudad de tan terrible mal. Un forastero dice que él lo puede hacer, siempre y cuando el alcalde cumpla su promesa, este le repite que así lo hará. El forastero saca una flauta y, al tocar unas notas, todas las ratas abandonan sus escondrijos y marchan detrás del flautista. Éste sigue tocando hasta llevar a las ratas al río que circunda la ciudad y ahogarlas en éste. Cuando regresa a pedir su recompensa, el alcalde, faltando a su palabra, se retracta y decide no darle nada. Entonces el flautista, enojado, comienza a tocar nuevamente su flauta y entonces todos los niños lo siguen hasta las faldas de una montaña en donde desaparecen para no ser vistos nunca más. El alcalde, ante esta situación, hace difundir la noticia de que pagará todo el oro y la plata de la ciudad si el flautista regresa con los niños, pero esto no ocurre.


“The Whistler”, canción de la banda Demons & Wizards que hace referencia a la leyenda.

A pesar de ser un texto del Romanticismo, vemos en este relato que la moraleja es bastante clara: “Cumple tus promesas o atente a las consecuencias que pueden afectar a quien más quieres”. Esta leyenda, como muchos de los relatos orales que nos llegan hasta nuestros días, tiene una base histórica: se dice que en algún momento del siglo XIII la historia contada por los Grimm ocurrió realmente, aunque los historiadores mencionen otras causas para la desaparición de los niños: la peste, migraciones a fin de fundar nuevas poblaciones más allá del río, la leva militar de los señoríos feudales, etc. El caso es que el relato llega hasta nuestros días y sigue cautivando la imaginación de aquellos que lo conocen. Incluso, la ciudad de Hamelín ha utilizado esta historia para impulsar su oferta turística.
        También deja claro que la música se ha visto, desde su surgimiento, como una expresión poderosísima que puede encantar a aquellos que la escuchan y que sus poderes mágicos retoman diversas formas: la voz de las sirenas en La Odisea, el arpa en el mito de Orfeo o, en este caso, la flauta del letal cazador de ratas.

Pueden leer y escuchar la versión de los hermanos Grimm aquí:
(http://albalearning.com/audiolibros/grimm/elflautista.html).

Y una adaptación del poema que aborda la misma historia por Robert Browning:
(http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/B/Browning,%20Robert%20-%20El%20Flautista%20de%20hammelin.pdf

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Andanzas de un luthier solista

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Cuentos en serioDaniel Rabinovich es un nombre que cualquier enterado de la música popular y del humor reconoce. Este oriundo de Buenos Aires es una de las personalidades que conforman el maravilloso “conjunto de instrumentos informales” (como se presentan de forma ocasional), Les Luthiers. Este conjunto de excelentes músicos, compositores y escritores tienen, sin lugar a dudas, un lugar asegurado en la historia de la música latinoamericana. La mezcla del humor con la música de cámara, el folklore, la cultura de masas, el comentario político y la rigurosidad han dado como resultado espectáculos maravillosos que, desde sus títulos, anuncian ya sus intenciones: Les Luthiers hacen muchas gracias de nada, Unen canto con humor, Les Luthier: grandes hitos, Bromato de armonio, Todo por que rías…
        Uno de los motivos del éxito del grupo tiene que ver con la conjunción que logran todos sus elementos. Con la manera en que cada uno de ellos complementan lo necesario para hacer de Les Luthiers un conjunto cuya creatividad y expresión escénica deja poco que reclamar. Por eso resulta inédito el hecho de que uno de sus integrantes, Daniel Rabinovich, se lance como solista. Pero, ojo, que no lo hace en el plano musical sino en el literario. En 2003 publica Cuentos en serio, un conjunto de relatos que hurgan en situaciones cotidianas que juegan con los escenarios, los personajes y las situaciones que presenta.

 

 
Daniel Rabinovich y sus virtudes como lector en voz alta.

 

Acerca de la relación que, de manera irrenunciable, se establece entre su nombre y el del conjunto escénico-musical del cual proviene, Rabinovich es claro al mencionar cuál es ésta en la entrevista con Magdalena Ruiz Guiñazú que se incluye en el volumen: “en el grupo uno siempre resigna su individualidad. En Les Luthiers todos nos hemos enriquecido por el potencial de los demás. Ese grupo maravilloso me ha permitido ser todo lo que soy. Pero también nos ha recortado en nuestras actividades individuales. En este caso, escribir es una tarea de solista”.
        Y como solista, desde la escritura, el músico no queda mal parado. Si bien es cierto que la mayoría de los textos desnudan sus mecanismos hacia el desenlace, la intención de los relatos va más allá de la sorpresa que el lector pudiese tener con respecto de esos finales que, en algunos casos, consiguen dar vueltas de tuerca eficaces.

 

“―Ana pasó la noche con vos, decí la verdad, hijo de puta!―gritó enfurecido Antonio.
        Luis se quedó callado pero al levantar la vista me di cuenta que las sospechas de Antonio eran reales, que no era un delirio lo que sugería…
        ―No me gusta que nadie me putee a la vieja ―dijo Luis como mordiendo las palabras y en ese momento Antonio se arrojó sobre él, gritando:
        ―¡Hijo de puta, te voy a matar!”.

Lo sobresaliente del libro es la variedad de temáticas y escenarios que los relatos plantean. A pesar del título que nos advierte acerca de la ausencia de humor, éste no está ausente en las historias. Hay una mirada que es irónica o tragicómica en la mayoría de los casos. Profesores censurados en la forma de dar clases pero que, cuando triunfan en otras áreas después de ser despedidos, son honrados de manera oportunista. Tragedias aeronáuticas que predisponen al lector a una catástrofe que no llega, o que llega de manera inesperada. Esposas que encuentran el sentido de su vida en la caridad y cuyas nuevas ocupaciones destrozan a sus familias. Padres ejemplares que se transforman apenas el umbral de la casa familiar se traspone. Testigos que observan cómo las afinidades electivas de los amigos conducen a tragedias inesperadas. Pordioseros que se dicen artistas contemporáneos y que lo son en realidad. Curaciones médicas milagrosas a través de mecanismos de transferencia psicológica. Parejas que consiguen vivir su amor y su vida a través del conflicto. Jefes de la mafia que caen bajo los embrujos de Lolitas en apariencia inofensivas. Obsesos estudiantes de temas históricos que terminan convirtiéndose en los héroes a los que hacen reverencia. Escritores que encierran a sus novelas en un cajón para liberarse de las exigencias que les arrojan al rostro. Escritores desempleados a los que se ofrece la posibilidad de contar historias del Holocausto que resultan más cercanas de lo que creían. Secretos familiares que salen a flote en los momentos menos afortunados. Y así, hasta llegar a la última página del libro.
        Las historias de Rabinovich buscan, más que la mirada erudita del lector profesional, la empatía del lector que busca entretenerse con una anécdota bien contada. Y como en todas las anécdotas bien contadas, los desenlaces son la mayor virtud de estas historias.

 

“Cada nota que cantaba se mezclaba con la anterior y la siguiente en una maravillosa cascada de armonía y ritmo. Fraseaba casi bailando y afinaba antes, durante y después de los vibratos… Quedé asombrado ante tamaño talento… […] Con las últimas frases de “Ain’t Misbehaving”, bajó de la tarima”.

 

De todos los relatos del libro, sólo uno está protagonizado por un músico. Sin embargo, en unas cuantas líneas, el autor consigue transmitir la pasión que la música enciende en aquellos que viven por y para la misma: “Cuando subió por primera vez a cantar, le hice una seña al pianista y me acerqué a la tarima con el soprano en la mano. En cuanto empecé a acompañarlos y ante una de mis primeras frases, supe que Verónica con “c” sería mía. No sabría cómo explicarlo pero lo supe. Cantó y la acompañé, fraseando con ella, en un diálogo entre su enorme musicalidad y las agudas notas de mi saxo. Winerspieler nos miraba asombrado y metía caso todos los dedos necesarios para armar un buen combo. El hecho es que estábamos felices y la gente aplaudió a rabiar”.
        El lector también reconoce el talento desplegado por el luthier solista y espera ansioso el encore literario.

        
Daniel Rabinovich, Cuentos en serio, Buenos Aires, Ediciones de La Flor, 2003.

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