Lo malo de las jiras es que crean adicción
Federico Arana es, sin lugar a dudas, uno de los nombres clave entre los autores a quienes se puede relacionar tanto con los movimientos contraculturales en México como con la historia del rock en nuestro país. De su autoría es esa joya híbrida, en términos de género literario (o periodístico), denominada Huaraches de ante azul, una revisión de la historia temprana del rock en México; tanto de sus intérpretes como del impacto de discos y artistas provenientes de otras latitudes rocanroleras.
Incansable difusor científico (valgan como evidencia sus aportaciones como ilustrador para diversos materiales didácticos del sistema educativo mexicano y su Manual de ecología para principiantes) y escritor prolífico, el Incansable Hombre Arana, como se le ha nombrado en algunas ocasiones, tiene también una banda de rock que se dedica a coverear clásicos del rock con humor corrosivo y crítica social a granel. Aunque su aspecto parece más el de un dirigente sindical trasnochado que el de un rocanrolero duro, es claro que Arana tiene mucho que decir en lo que a cuestiones rocanroleras y musicales se refiere.
Portada de uno de los discos de Naftalina, la banda de Federico Arana.
Después de tan extensa presentación autoral, les cuento que el libro pretexto de esta colaboración es Las jiras, un clásico contemporáneo que salió a la luz en el año de 1973 y que contiene la historia de un grupo de rock de los últimos años de la década de los sesenta y los primeros de la siguiente, aunque los hechos narrados parecen atemporales dada la vivacidad y el humor corrosivo utilizados para darle vida a multitud de personajes que ya desde el nombre anuncian su naturaleza: el Cerdo, el Blondidudi, el Foco, la Mandriluca, el Tamal…

Federico Arana con Los Sonámbulos, su primera banda de rock, en 1957.
A lo largo del relato Los Hijos del Ácido, nombre de la singular agrupación que protagoniza la mayoría de los hechos presentados en la novela, viven las más divertidas e inverosímiles aventuras: giras por festivales al aire libre, broncas con autoridades migratorias gringas (y mexicanas), disputas internas, rechazo por su forma de vestir y su pelo largo, estafas por parte de los empresarios y los managers. En fin, nada que los grupos contemporáneos o los que siguieron a la época que describe el autor no hayan vivido.
La obra, que algunos han incluido en esa corriente desdibujada y de múltiples características que se dio en llamar “la onda”, explora diversas cuestiones que le otorgan una dimensión a este librito desmadroso: la descripción del ambiente cultural y la represión ejercida por la sociedad mexicana de los años sesenta, el juego jubiloso con las expresiones y el lenguaje que se asociaba con la juventud del momento (glosario final incluido que recuerda, por ejemplo, el vocabulario nasdat al final de A Clockwork Orange de Anthony Burgess), la reflexión acerca de lo que significaron para los jóvenes eventos históricos como la guerra de Vietnam, entre otros elementos.
Rebelde radioactivo
una rola surf de Los Sinners, otra de las bandas de Arana.
Quede un fragmento para que el lector juzgue algunas de las características mencionadas líneas arriba:
—Tenemos que buscar un nombre en inglés— le digo al Tamal.
—Sí, pero que se note que somos chicanos, llamaremos más la atención.
—¿Qué te parece “The Mexican Zopilotes”?
—No te azotes, Amarillo, no te amates azorrillo.
—Bueno. “Los Black Zorrillos”.
—No sirve, los gringos no pueden pronunciar la erre.
—“The Golden Coyotes”, “The Yellow Perros”, “Moctezuma’s Grandchildren”, “The Yellow Morenazos”, “The Tamal and his Garbage”… “The Bandidos of the Rancho Grande”, “The Guerrilleros in the Mood of Love”, “Love me Tender Mamacita”… “The Electric Mariachis”… “The Stinking Beans”… “The Southern Rats”… “The Field Smokers”… “Chingada’s Sons”… “El Bueno, el Malo, el Feo, el Horrendo y el Pésimo”…
—Ya cállate, pinche Amarillo; deja de decir pendejadas y no interrumpas mi sueño.
—“Los bellos durmientes”, “Los putos durmientes”, “Los durmientes que sueñan con ir a chingar a su madre”.
Y así por el estilo.
Federico Arana, Las jiras, México, Joaquín Mortiz, varias ediciones. |amx


















4 Responses
Se lee interesante. Me recordó y no se si tenga algo que ver, a un libro que leí hace años de Parménides García Saldaña, El rey criollo.
Y me gustó eso de Huaraches de ante azul, en referencia a la canción del español Moris.
Tiene que ver incluso por la época en que se desarrolla la escritura del texto de Parménides. EL REY CRIOLLO hace referencia a una peli en la que sale Elvis, quien será el que haga popular la canción “Blue Suede Shoes” de Carl Perkins, que es de donde Arana saca la referencia a los “Huaraches de ante azul”. De esa misma época es AHÍ VIENE LA PLAGA que escribieron a seis manos José Agustín, José Buil y Gerardo Pardo. La rola de Moris que mencionas no la conozco, pero voy de inmediato al google.
Saludos.
¡Increible!
Creí ser el único fan de Naftalina que quedaba vivo, así como el único que recuerda con cariño leer “Las Jiras”.
Y además, ser fan del “Hombre Arana”
Tus comentarioses una lectura obligada para los que somos fans del rock mexicano, y descubrir ese submundo del rock que ha adolecido durante gran parte de la historia de nuestro rock